El viento frío se colaba por la rendija de la ventana, erizando la piel de Josselyn.
—No.
La voz de Josselyn cayó firme en medio de la pequeña habitación.
Todas las miradas se dirigieron de inmediato hacia ella.
Sebastian frunció el ceño.
—¿Te niegas?
—Sí —respondió Josselyn con rapidez—. No voy a explicar nada sobre el señor Yorick.
Howarth la observó largo rato.
—¿Eres consciente de que eso solo vuelve todo más sospechoso?
Josselyn alzó ligeramente el mentón, apartando la mirada.
—No es algo