Amaia Domínguez García
Mazamitla, Jalisco, México
Terminamos de cenar y Axel ayudó a la güera y a Lore a recoger todo y lavar los trastes que, se habían utilizado. Se pusieron también a preparar café para la velada afuera, lo que haríamos de la fogata y de contar historias de terror, algo que me daba un poco de miedo, pero lo haría por complacerlas a ellas y a mi guapísimo Axel, el hombre al que amaba.
–Lore, está vibrando tu teléfono – Le avisé – Está aquí en la mesa.
–Gracias Amaia, es mi mam