—¡¿Qué estás haciendo aquí?! —reclama Dorian, agitado, con la vista nublada por el calor del deseo y a la vez, el calor de la ira—. ¿Acaso viniste a terminar de joderme la maaldita vida? —La toma por los hombros, sacudiéndola—. ¡Dime! ¿¡Qué puta madre haces aquí luciendo tan zorra!?
Leslie palidece, con los labios temblando por el miedo que le generan sus gritos, su mirada fría, y las manos que una vez la acariciaron, la aprietan, hiriéndola. Pero son sus palabras, ese “zorra”, lo que hace que