Capítulo 74 — La más grande imbécil de todo el universo.
Dos días después de mi alta del hospital, todavía seguía en el penthouse de Holden, ya que él se negaba a dejarme ir.
La mañana había amanecido fría y gris, o quizás solo era mi estado de ánimo reflejándose en el cielo. Holden me había instalado en su habitación, ya que no me había dejado quedarme en la mía, obligándome a que debía descansar. Sin embargo, lo menos que quería hacer era eso.
El recuerdo del mensaje de Bianca seguía clavado en mi pecho, lastimándome si me movía un solo milímetro.