Mundo ficciónIniciar sesiónCuando la puerta principal se cerró tras la espalda de Holden, tuvimos un momento de paz que duró apenas un microsegundo. Dos minutos después, el lugar estalló en un ataque de palabras hirientes y cuchillos filosos directo a mi cuello.
Aquí vamos. —Buenas noches —informé, ignorando a todos mientras me dirigía hacia las escaleras, con el anillo pesando como un trofeo en mi dedo. Cada paso de nuestro plan se sentía como una victoria más. —¡Detente ahí, Adara Godoy! La mano de Amira se cerró como una garra sobre mi hombro, haciéndome girar bruscamente. Su rostro, que durante toda la cena había sido una máscara de rabia contenida, ahora era una grieta abierta de odio puro hacia mí. Estaba furiosa por lo que había hecho y me encantaba. —No vuelvas a tocarme, Amira —me separé de un golpe y me alejé de ella, lo cual la hizo comprender que ya no tenía ningún tipo de poder sobre mí. —¿Qué? ¿Ibas a esconderte en tu cueva, señora Somerset? —escupió el apellido de Holden como si fuera un insulto en sí. Yo solo sonreí. —No, hermanita. Me voy a dormir. La cena terminó, les presenté a mi prometido y tú no fuiste el centro de atención por primera vez. Acéptalo y sé elegante por una vez en tu vida, ¿quieres? —¿Qué tengo que aceptar? —ella soltó una carcajada; una risa desquiciada que la hacía lucir como una completa lunática—. ¡Siempre seré el centro de atención, ratona! ¡Tú eres la que seguirá siendo una maldita enferma, incluso después de esa supuesta boda! ¿Crees que este espectáculo cambió eso? ¿De verdad crees que cuando Holden se entere de la bomba de tiempo que llevas dentro del pecho no va a salir corriendo más rápido que August? ¡No seas ilusa, Adara, y no le mientas al chico, por favor! El aire abandonó mis pulmones. No por la ofensa en sí, sino por el esfuerzo que tenía que hacer para mantener la calma. Sobre todo cuando mi pecho ya empezaba a sentir el maldito zumbido de las taquicardias. Diosito, ¿me condenarías al infierno si le saco un ojo en estos momentos a mi hermana gemela? —Holden lo sabe, Amira —le respondí, con una tranquilidad que ni siquiera era capaz de sentir. Incluso me encogí de hombros—. Hace años que lo sabe todo y no le importa. Me quiere tal y como soy... Algo que tu novio, ese que se enamoró de tu cuerpo perfecto, jamás te diría si fueras como yo. La verdad es que estoy feliz de que lo metieras en tu cama, hermanita. Gracias a eso acepté casarme con Holden... Y ahora tengo a un hombre mil veces mejor que el pedazo de moho con el que te vas a casar. Vi cómo cada una de mis palabras la golpearon con fuerza y su seguridad se resquebrajó poco a poco. Por un segundo, solo fui capaz de ver en sus ojos una incredulidad pura, seguida de una rabia mucho más profunda al haberla enfrentado. Había jugado su carta maestra y yo la había anulado con un par de palabras. —Estás mintiendo... Un Somerset jamás estaría con alguien como tú si... —masculló, pero sin convicción. Ella ya no sabía qué creer. —¿Por qué mentiría? Él es mi mejor amigo, Amira... O lo era, antes de ser mi prometido. Nunca le he ocultado nada. A diferencia de ti, que ocultas que estás con August solo por su chequera. Amira estaba por responderme cuando nuestra madre apareció en el umbral del comedor con las manos en las caderas, harta de que nos estuviéramos gritando sin compasión. —¡Ya basta, niñas! ¡Las dos han encontrado hombres maravillosos! —intentó mediar, pero yo aún seguía con ganas de clavarle un cuchillo en la yugular—. ¡Deberían estar felices, no peleando por cosas que ya pasaron! ¿Cosas que ya pasaron? ¡Mamá, Amira me robó a mi prometido y lo metió en su cama! ¡Se va a casar con él! ¿Y yo soy la mala? —¡Maravilloso! —repetí, aplaudiendo sin apartar los ojos de Amira—. Sí, mamá. Ustedes finalmente están felices por algo que me pasa. Qué curioso, ¿me pregunto si eso tiene que ver con que Holden sea un heredero? —Tu hermana está feliz por ti también, hija. ¡Ja! Ni en un millón de años. —Amira parecía ser feliz con su hombre maravilloso, mamá… hasta que supo que el mío tenía una chequera diez veces más grande que la suya. Entonces su felicidad se convirtió en este estúpido berrinche... Porque ella nunca ha soportado que a mí me pase algo bueno, pero eso se acabó. Ya no dejaré que me aplastes, Amira. Mi hermana dio un paso al frente, sus ojos se volvieron más agresivos y su voz era ácido puro. —Cállate la boca, Adara. —No. Me he callado toda la vida y eso se acabó —di un paso hacia ella también, dispuesta a desafiarla del mismo modo que ella intentaba conmigo, aunque las piernas me temblaban como gelatina—. Ahora me toca brillar, Amira, y no lo haré a escondidas ni pidiéndote permiso... Lo haré por la puerta grande, como la futura señora Somerset. Seré parte de una de las familias más importantes de este país. Algo que tú, querida hermana, nunca podrás conseguir por andar codiciando siempre las cosas que no son tuyas. Vi cómo cada frase le hundía una daga ardiente en su ego. Su respiración se volvió acelerada y sus ojos se inyectaron de sangre. No había forma de que ella tomara el control de esta situación y por eso estaba tan furiosa. La había dejado sin armas para atacarme. —Esto no se va a quedar así —me prometió, con la voz apretada. Yo suspiré y me encogí de hombros. —Claro que no. Va a mejorar, y muchísimo... Pero para mí, Amira. Buenas noches. Y después de eso, me giré y subí las escaleras, ignorando el grito ahogado de su furia y el murmullo preocupado de mis padres intentando tranquilizarla. Nunca antes la había visto perder el control de esa manera, pero no me importaba en absoluto. Cuando por fin llegué a mi habitación, cerré la puerta con llave y me apoyé contra ella, jadeando sin control. Había agotado todas mis fuerzas en esta discusión. Respira, Adara... Vamos. No dejes que te domine. Mi corazón galopaba desbocado, golpeando mis costillas como si quisiera escapar de su cárcel. Cálmate y respira. Todo estará bien. Me deslicé hasta el suelo, coloqué la frente contra las rodillas y me forcé a respirar lentamente, recurriendo a la maniobra de Valsalva porque casi siempre tenía que utilizarla en estos casos. Fueron unos minutos eternos y llenos de agonía hasta que, poco a poco, aquel galope se redujo a un trote pesado y cansado. El sudor frío me empapaba la nuca y tenía mucho sueño. Fue entonces cuando mi teléfono vibró en el suelo, justo a mi lado; giré la cabeza para ver quién era. Solté un suspiro largo y me senté derecha. Uff, no tengo tiempo para esto. Era Holden, quien me había mandado una foto suya haciendo una mueca tonta. No pude evitar esbozar una sonrisa por inercia. Luego, mi teléfono comenzó a reproducir su tono de llamada. Oh, está llamando. Tomé el dispositivo en mis manos y deslicé el dedo por la pantalla para responder. —Holden. —¿Ya explotó la guerra civil en el reino Godoy? —preguntó, siempre con su voz alegre y bromista. Una nueva sonrisa, esta vez menos débil, se dibujó en mis labios. Sin decir una palabra, acerqué el teléfono a la ranura inferior de la puerta para que pudiera escuchar por sí mismo. Los gritos lejanos, furiosos e ininteligibles de Amira se colaron por la línea, lo cual lo hizo reaccionar casi de inmediato. Holden soltó una carcajada profunda y llena de satisfacción. —¡Pero qué sonido tan épico! Suena como una banshee a la que le han robado el tarro de diamantes. Misión cumplida, entonces, Godoy. —Más que cumplida —respondí, recostándome contra la puerta, mucho más tranquila que antes—. Creo que, por primera vez en su vida, Amira no sabe qué hacer, y eso es muy divertido y satisfactorio de ver. —Espera a que salga la noticia en las revistas. Mi equipo de prensa ya está preparando el comunicado: "Holden Somerset, heredero del imperio Somerset Security, se compromete con la brillante ingeniera Adara Godoy". Van a poner una foto tuya de la cena de anoche. Te ves increíble, por cierto. Deberías vestir así todos los días. —¿Ya lo anunciarán? —En este mundo, o eres noticia o eres nadie. Y tú, querida falsa prometida, muy pronto serás la noticia número uno en todas las revistas de cotilleo, blogs sociales y portadas digitales del país. Será el suplicio de tu hermana y podrás disfrutarlo en primera fila… Así que prepárate, Godoy... —hizo una pausa dramática y yo sonreí— porque esto apenas está comenzando. Una risa mucho más ligera me salió de forma natural. No porque ahora todos sabrían que estaba comprometida con mi mejor amigo, sino porque por fin Amira estaba sintiendo lo que yo experimenté por años. Era una alegría pura verla así. —Me encanta cómo suena eso, Somerset. —Y a mí me encanta oírte reír —respondió, y su tono se suavizó un instante—. Ahora descansa, Godoy. Pronto empezará el espectáculo de verdad... Y necesitarás todas las fuerzas posibles para sonreírle a los paparazzi. Y entonces colgó, dejándome allí, en el suelo de mi vieja habitación, con el diamante de más de un millón de dólares pesando en mi dedo y la promesa de un nuevo mundo resonando en mis oídos. Todo esto era una vil mentira, pero por primera vez, esa mentira sabía a libertad pura. E iba a disfrutarlo todo el tiempo que durara.






