Capítulo 12 — Saqueos nocturnos…

Parte dos del plan: presentarlo ante mis padres como el poderoso Holden Somerset.

Holden cruzó el umbral de la sala como si estuviera en su propia casa, con una sonrisa capaz de desarmar a cualquiera y con su mano firme en mi espalda.

—Señor Godoy, es un honor al fin conocerlo —lo saludó, estrechando la mano de mi padre con confianza—. He oído mucho sobre su trabajo en la industria manufacturera. Un verdadero pionero. Mi nombre es Holden Somerset.

Mi padre, desconcertado de que supiera aquella información, solo asintió.

Hasta yo me sorprendí, porque nunca le mencioné a qué se dedicaban mis padres para ganarse la vida.

Luego se giró hacia mi madre, tomándole la mano con una galantería que la hizo sonrojarse.

¡Por Dios, mamá!

—Y usted debe ser la famosa Marcela. Definitivamente Adara heredó su belleza, pero no su modestia al hablar de usted. Es un placer poder conocerla.

Ay, por favor, Somerset.

Mamá solo pudo parpadear, totalmente fuera de órbita. Estaba completamente embelesada con el castaño.

—El… —carraspeó y yo rodé los ojos— el placer es nuestro, joven… ¿Somerset, dijo?

—Solo Holden, por favor —corrigió él, siempre tan suelto y encantador.

Fue Amira quien rompió aquel hechizo con una risa demasiado aguda que hizo que todos la vieran.

Como siempre hacía cuando dejaba de ser el centro de atención.

—¡Holden! ¡Qué… sorpresa! —soltó, caminando hacia nosotros con una sonrisa fingida. August se levantó al verla, pero él también se veía bastante confundido con la presencia de mi mejor amigo—. No sabía que seguías viviendo en la ciudad. Y mucho menos que… bueno, que rondaras por aquí.

¿Eh?

¿Y por qué debería saberlo?

—El destino es muy caprichoso, Amira —respondió él, sin apartarse de mi lado—. A veces te devuelve justo lo que necesitas, en el momento exacto. Como nos pasó a Adara y a mí.

—¿Y cómo empezó este… romance tan abrupto? —preguntó mamá, recuperando algo de su escepticismo—. Adara nunca te mencionó como interés amoroso…

De hecho, casi nunca lo mencionaba para protegerlo de las garras de mi hermana la ninfómana, mamá.

—Oh, es una historia que comenzó hace muchos años —intervino Holden, con un tono de confidencia fingida—. Poco después de la universidad. Ella siempre fue la cerebrito que me superaba en cálculo y yo el holgazán inteligente que la sacaba a bailar... pero ella siempre me rechazaba. "No, Holden, solo somos amigos". Hasta que, por fin, a inicios de año, cedió ante mis súplicas. Decidimos guardarlo en secreto un tiempo. Ya saben… —de pronto, su mirada se desvió hacia Amira por una fracción de segundo— …por miedo a los saqueos nocturnos... Algunas personas tienen un olfato especial para arruinar las cosas buenas. Mi pobre Adara lo pasó muy mal el año pasado, pero eso se acabó. No voy a permitir que nadie la lastime nunca más.

Amira apretó los dientes, pero forzó otra sonrisa. Y August... bueno, August quería que se abriera un hueco y se lo tragara la tierra.

—Qué romántico. Aunque… —alzó la mano, mostrando su anillo como si fuera obvio— parece que la tradición del anillo de compromiso se te olvidó, Holden. Ni siquiera pudiste conseguir uno barato para mi hermana. Algunas cosas nunca cambian, ¿verdad? Sigues siendo tan… informal con los detalles importantes. Justo como en la universidad.

Pude notar cómo Holden apretó la mandíbula un milisegundo, pero después volvió a la normalidad. August le tocó el brazo a mi hermana, con los ojos bien abiertos y acercándose a su oído.

Él ya lo había reconocido.

—Amira, espera…

—¿Qué, amor? —lo apartó y dio un paso adelante, ignorando su advertencia—. Solo estoy constatando un hecho. Un compromiso sin anillo es como… una boda sin novio. Simples ilusiones.

Ay, hermana... No sabes lo que te espera.

Me permití sonreír, disfrutando por primera vez del espectáculo de Amira, cuando Holden chasqueó la lengua suavemente, como si hubiera recordado algo trivial.

Aunque, en realidad, él siempre pensaba así.

—Ah, el anillo. Tienes razón, qué descuidado soy —y entonces me miró, y yo, con una sonrisa satisfecha, saqué de mi bolso de mano la caja de terciopelo negro donde había guardado el anillo y se lo entregué.

No era una caja cualquiera. Era la caja con el logo grabado en oro de la joyería más exclusiva y cara de la ciudad. Él había dejado que me lo quedara la noche anterior para que la sorpresa fuera más impactante.

Amira reconoció el logo al instante y su respiración se cortó. Sus ojos se abrieron como platos y abrió la boca como si no se lo creyera.

Lo sabía... solo tenía que esperar en silencio.

Entonces, Holden abrió la tapa con un solo movimiento. El diamante amarillo no tardó en estallar en fuego bajo la luz de la lámpara, desconcertando a todos. Un silencio sepulcral nos envolvió.

—Queríamos hacer algo más familiar primero —explicó Holden, con voz grave, y luego se giró hacia mí para sonreírme—. Anoche fue presentada ante mi familia y ahora quisiera hacerlo aquí. Acá está el verdadero símbolo… el que demuestra lo mucho que vales para mí, Adara Godoy.

Sin esperar respuesta, tomó mi mano y deslizó el anillo en mi dedo. Sonreí al recordar el peso en mi dedo y lo hermoso que se veía en mi mano, brillando con un esplendor que me cautivaba.

El diamante de Amira, a su lado, parecía una pequeña chispa junto a una hoguera.

—Dios mío —susurró mamá, hipnotizada por la piedra en mi dedo.

—Es… impresionante —masculló papá, con una mezcla de asombro y recálculo mental instantáneo.

Ya había hecho su debida comparación de prometidos.

Mientras tanto, Amira estaba lívida, mirando el anillo con una expresión que parecía de dolor físico. Y estaba segura de que lo tenía.

Ella odiaba sentirse relegada y su prometido lo sabía, porque no paraba de removerse incómodo en su lugar.

—Pero… cómo… —balbuceó sin dejar de mirar mi mano.

—Ah, y en cuanto a lo que decías de cuidarla —continuó Holden, dirigiéndose a mis padres como si Amira hubiera dejado de existir en su mundo—, quiero que sepan que no tendrán que preocuparse más por su hija, señores Godoy. A partir de ahora, Adara estará bajo mi cuidado y el de mi familia. Tendrá todo lo que necesite y mucho más.

Pasaron unos segundos en silencio, pero cuando mi hermana finalmente encontró la forma de respirar, su voz salió como un hilito venenoso:

—Qué… noble... Aunque con tus… recursos limitados, ¿no será un poco difícil? Una boda y una vida de casados… son bastante caras. No todos podemos permitirnos lujos, Holden. Así que no es necesario que finjas que mi hermana estará en el mejor lugar del mundo. Con que se alimente estará perfecto.

August enterró la cara en sus manos y yo me deleité disfrutando de verlo sufrir.

Entonces, Holden soltó una carcajada, un sonido cálido y completamente genuino que la hizo fruncir el ceño. Incluso juraría que se sentía incómoda.

—¡Ay, Amira, siempre tan preocupada por los pequeños detalles! No te mortifiques por eso. Gracias a los exitosos ingresos de Somerset Gaming y a la… generosa red de seguridad de mi familia, los recursos no serán un problema para mí... La boda será lo que Adara quiera y será, sin duda, la mejor boda que esta ciudad haya visto alguna vez... Al fin y al cabo —hizo una pausa dramática, sus ojos verdes clavados en los de ella, totalmente fijos— no todos los días se casa el CEO de una empresa de software valorada en miles de millones de dólares, y muy por encima de eso, el nieto favorito de Marcel Somerset.

Oh, lo dijo.

Ahora todo el mundo lo sabe, ya no hay vuelta atrás.

El nombre de Marcel Somerset resonó como un gong en la habitación. Mi padre palideció al recordar quién era el hombre mencionado y mamá se llevó una mano al pecho.

Estaban preocupados... y no era para menos.

Su pequeña niñita perfecta acababa de llamar pobretón al nieto del hombre con más dinero de este país. Un completo suicidio social si Holden llegara a tomar acciones en contra.

—¿Marcel Somerset… el magnate? —preguntó mi progenitor, con la voz hecha un hilo.

—El mismo —asintió Holden, como si estuviera hablando del clima. Estaba completamente en su territorio. Él amaba alardear—. Y todo eso —añadió, acariciando mi mejilla con el dorso de los dedos, un gesto que me tomó por sorpresa y erizó los vellos de mis brazos— lo estoy poniendo a los pies de Adara... Porque ella, a diferencia de otras personas, siempre supo ver al hombre que era y no a la cuenta bancaria que me acompañaba... Es por eso que la esperé por tanto tiempo... Y la esperaría toda la vida de ser necesario.

Oh.

Holden es un excelente actor, hasta a mí me convenció.

Si no estuviera involucrada, claro está.

Todo se puso tenso de pronto. La mirada que Holden le lanzó a mi hermana no fue de odio, sino de lástima. Una lástima infinitamente más humillante que cualquier insulto que pudiera salir de su boca.

Fue en ese momento que ella lo entendió todo. Había despreciado a la chica débil y harapienta solo por maldad y ahora tenía que ver cómo la misma chica era coronada por nada más y nada menos que el príncipe más codiciado del país.

La sonrisa en mis labios en ningún momento fue falsa. Fue de pura, dulce e implacable satisfacción.

Esperé por años este día y finalmente había llegado de la mano de mi mejor amigo.

Un mujeriego de ojos verdes que jamás me abandonó a mi suerte.

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