Mundo ficciónIniciar sesiónEl vestido que decidí utilizar era simple pero hermoso, de color champán y cortado con una elegancia que gritaba exclusividad. Me sentía una princesa, pero de las actuales. Los tacones, también regalo de Holden, eran lo suficientemente altos como para darme estatura, pero no para tambalearme.
Me miré en el espejo por última vez y solté un suspiro de satisfacción. Esta no era yo, pero era la versión que siempre debería haber sido. Si no hubiera dejado que Amira acabara con toda mi autoestima, estoy segura de que este habría sido el resultado de mi vida. De pronto, la puerta se abrió sin avisar y Amira entró como una tormenta de satén fucsia y escote pronunciado. Hablando del rey de Roma. —Vaya, ya estás lista —habló con fastidio, su mirada recorriéndome como un escáner lleno de prejuicios—. Realmente te has esmerado. ¿Todo esto es para impresionar a tu…? Ah, no, espera. Para intentar impresionar a tu prometido misterioso... Qué pena que no tengas el cuerpo para lucir un escote como el mío. Iugh, ¿cómo es posible que compartamos la misma sangre? —No lo necesito —respondi, sin girarme y echándome perfume—. El vestido me define a la perfección. —Sin duda alguna... Hasta puedo escucharlo gritar: "comprado en liquidación" —se burló, soltando una risita que rápidamente murió cuando se acercó más a donde estaba. La vi fruncir el ceño y hacer un gesto con la boca. Un tic nervioso le agitó el párpado varias veces y sus ojos se clavaron minuciosamente en el vestido; luego bajaron a mis zapatos y de nuevo frunció el ceño—. Espera. Adara... ¿ese vestido es de la marca…? —Sí —respondí, por fin girándome hacia ella, deleitándome con sus expresiones—. Un vestido original, hermana. Los zapatos también lo son, por cierto. Su mandíbula se desencajó literalmente, mirándome como si me hubiera crecido una segunda cabeza. No pude evitar echarme a reír. —¿Cómo…? Adara, un vestido de esa marca cuesta… Joder, eso vale más de cinco mil dólares. ¡Solo el vestido! ¿Cómo diablos conseguiste eso? ¿Lo robaste? ¡Ja! No me hagas reír, no soy como tú. —¿Tan difícil te es creer que alguien pueda querer regalarme algo bonito y costoso? —le pregunté, recogiendo mis pendientes y poniéndomelos con una serenidad que la tenía fuera de base. No sabía qué rayos hacer con esta Adara. —¡Por supuesto que sí! Porque nadie lo hace jamás, hermana —espetó con seriedad, dejando atrás el disfraz de diversión y mostrando su verdadero rostro: el de una niña mimada a punto de dejar de ser el centro de atención de todos—. ¿Quién te lo dio, Adara? ¿Dónde lo conseguiste? Un largo suspiro se escapó de mis labios. Tenía tanto que decirle, pero solo la miré con una calma que la enfureció aún más. —Es tarde, Amira. Deberíamos bajar. No quiero que mi prometido piense que soy una maleducada que lo deja esperando por horas. Y entonces la dejé plantada en medio de mi habitación, con las palabras atoradas en la garganta y la sospecha de que algo raro estaba pasando, comenzando a carcomer su seguridad de siempre. Y prepárate, porque aún falta más. [...] Ya abajo, August estaba pegado a Amira como un imán, sus ojos llenos de devoción por ella, y probablemente con un par de copas de más, pero cada tanto, su mirada se desviaba hacia mí con una curiosidad renovada por mi nueva apariencia, algo que a Amira no le pasó desapercibido. Y eso la obligó a ser el centro de atención de nuevo. —Oye, cariño, ¿por qué no le cuentas a papá sobre el yate que alquilaste para la luna de miel? —exclamó Amira, colgándose de su brazo y recobrando toda su atención—. Es tan lujoso y enorme. No todo el mundo puede acceder a ese nivel, ¿sabes? —Su mirada se posó en mí, completamente gélida—. Adara, ¿tu prometido te ha hablado de planes de luna de miel? ¿O con su presupuesto será más bien un… fin de semana en la playa, tal vez? —Todavía no lo hemos planeado —respondí, manteniendo la voz neutra mientras revisaba mi teléfono por décima vez. No tenía ni una sola noticia de Holden. El maldito estaba llegando tarde. —Claro, claro. Hay que tener prioridades. Primero tienen que conseguir un anillo, ¿no? —insistió, alzando su propia mano para que el solitario centelleara a la vista de todos—. Aunque parece que ni eso es la prioridad ahora... ¿Dónde está tu prometido, Adara? Ya es muy tarde. ¿Será que se perdió de camino aquí? ¿O quizás… se arrepintió? —Llegará pronto —mascullé, sintiendo el familiar zumbido de advertencia en el pecho. No ahora, Godoy. Aguanta... Él va a venir. —¿Estás segura? —La voz de Amira goteaba falsa preocupación. Ella sabía lo que aquello le ocasionaba a mi corazón y estaba dispuesta a seguir presionando—. Porque una chica con tus… limitaciones… no es exactamente el mejor partido. Quizás se lo pensó mejor. O tal vez vio el paquete completo y… huyó. Es entendible, yo lo haría sin dudarlo ni un segundo. Maldita. August carraspeó, visiblemente incómodo. —Amira, quizás… —¿Quizás qué, amor? —lo interrumpió con una sonrisa tan dulce como el veneno—. Solo estoy preocupada por mi hermana porque mira, ya pasó la hora. No quiero ser cruel, pero… ¿estás segura de que siquiera existe este prometido? ¿O todo esto es solo un… invento tuyo? Un arrebato de envidia, quizás. Porque, seamos sinceros, Adara, ¿qué hombre en su sano juicio se comprometería contigo sabiendo tu… condición? Es una responsabilidad enorme de llevar. Estoy segura de que ese hombre lo pensó mejor y huyó. Lástima, hermanita... Tendrás que acostumbrarte a vivir tu vida completamente sola. ¿Cómo se atreve? El dolor en mi pecho se agudizó y la taquicardia comenzó; un tambor sordo y rápido bajo el esternón. Necesitaba aire fresco. Necesitaba que Holden llegara. Fue cuando el timbre sonó, salvador y aterrador al mismo tiempo. Juro que te mataré, Somerset. —¡Es él! —me levanté tan rápido que me mareé, pero eso no me importó. Respiré hondo y forcé a mi corazón a calmarse. No iba a dejar que esta noche se arruinara por ningún motivo—. Iré a abrir. Crucé el pasillo como si me estuvieran persiguiendo y, al abrir la puerta, el aire fresco de la noche me golpeó junto con la figura de Holden Somerset, impecable en unos jeans a su medida, camisa blanca y chaqueta marrón, que hacían que sus ojos verdes brillaran como esmeraldas. Se veía comestible, como siempre. También llevaba una leve sonrisa y el cabello alborotado, con un aire de haber tenido una aventura que lo hizo retrasarse. —Hola, Godoy. ¿Pediste un prometido de última hora? Llegó con retraso por tráfico en la autopista del drama. Este tonto. —¡Holden! —lo golpeé en el hombro, toda mi tensión convirtiéndose en rabia aliviada—. Te he mandado cientos de mensajes... ¡Pensé que te habías arrepentido, idiota! —¿Arrepentirme? Ni en un millón de años —respondió, frotándose el hombro con una mueca de dolor—. El Aston Martin decidió tener un ataque existencial en medio de la autopista. Tuve que llamar a Andrea, que estaba en medio de una cita muy prometedora con una arquitecta. Ahora nos odia a los dos por arruinar su posible polvo, pero hey, aquí estoy. ¿Lista para la función? Dios, debí suponerlo. Con Holden no podía pasar absolutamente nada normal. Estaba a punto de responder, de reírme incluso, cuando una voz dulce y afilada sonó detrás de mí. —Adara, ¿todo bien? ¿Tu prometido por fin se dignó a…? Amira apareció a mi lado. Su sonrisa llena de burla y prejuicios estaba preparada para atacar, pero al ver a Holden, esa sonrisa se murió en sus labios. Su rostro palideció de inmediato y sus ojos se abrieron como platos. Lo había reconocido. —¿Holden? —susurró, como si hubiera visto un fantasma. Su voz apenas era un hilo. Él la miró y su expresión amable se congeló por una fracción de segundo; sus ojos verdes se enfriaron hasta volverse de hielo. Luego, como si un interruptor se hubiera accionado, volvió a sonreír, pero esta vez fue una sonrisa diferente; una bastante fría e incluso despiadada. ¿Hola? ¿Me he perdido algo aquí? Decidí dar un paso hacia él, tomando su brazo con una posesividad que no tuve que fingir. No quería que ellos dos se involucraran alguna vez. Amira no era buena para nadie. —Sí, Amira —decidí hablar yo, y cada palabra fue perfectamente calculada antes de decirla—. Te presento a Holden Somerset. Mi futuro esposo. Holden extendió la mano hacia ella, pero cuando quiso estrecharla, él la quitó a propósito. —Amira, cuánto tiempo. Qué… coincidencia volver a encontrarnos así. Justo cuando voy a casarme con la mujer más extraordinaria que he conocido en la vida. La mejor de las gemelas Godoy, por supuesto. El silencio que nos envolvió después de eso fue tal, que podía escucharse el andar de las hormigas. No pude evitar sonreír dichosa cuando la vi apretar la mandíbula. Sorpresa, querida hermana.






