POV ADRIÁN
Katte entró al despacho a las once en punto, como siempre.
Impecable, envuelta en un traje beige que ya le conocía con el cabello recogido en esa forma que le servía de armadura. No saludó, no hacía falta. Se sentó frente a mí con la naturalidad de quien no reconoce ninguna pérdida de territorio.
—Bienvenido —dijo.
—Katte.
Dejé la carpeta azul sobre el escritorio entre los dos, no la abrí y ella no la miro.
—Dos contratos firmados sin autorización conjunta, una reasignación de presup