—Encontraron a los guardias de Helena. —Informó Francesco mientras los dos descendían del avión privado que los había trasladado en tiempo récord desde Italia, un auto ya esperaba por ellos en el hangar.
—¿Dónde están? Tenemos que hacerlos hablar…
—Están muertos. —Interrumpió Francesco.
Lucian sintió nuevamente como si le cayera un balde de agua fría encima. Era su culpa, debió dejar a Helena dónde estaba, en cinco años Víctor no pudo encontrarla gracias a que su mejor amigo la mantuvo a salvo,