240. UNA TRÁGICA HISTORIA
VICTORIA
Lo supe enseguida, si no me andaba con pie de plomo sería incriminada por la muerte de la doncella.
—Hola, Sr. Fenir, vine a devolverle a Celia una prenda que me prestó anoche —le dije sacando mi mejor sonrisa falsa.
—Pero no está y tampoco su doncella, me encontré la puerta abierta… qué descuido —dije lo más alto que pude e incluso abrí más la entrada.
—¿Y tiene la costumbre de entrar en las habitaciones sin el dueño presente? —alzó una ceja con una mueca de desprecio.
En el fondo