183. CONQUISTANDO OTRO MUNDO
AIDAN
Esa tarde, como se había vuelto una costumbre, nos reunimos los machos en la biblioteca.
En vez de estar rodeado de testosterona, prefería estar con mi hembra recién marcada.
Parece que las ansias se me notaban.
—¡Cachorro, nadie te la va a raptar del castillo! ¡Relájate, hombre! —mi padre me da una sonora palmada en el hombro.
Lo miro sin responderle.
Precisamente él diciéndome eso.
Él, que no se puede pasar ni media hora sin toquetear a mi madre.
—Todavía no puedo creerme que lo obtuvi