Kaelen…
El descubrimiento más condenatorio llegó cuando el amanecer comenzó a teñir el mundo.
En una hondonada cerca del agua encontramos un altar, y sobre su piedra había una mancha de tinta y sangre dispuesta en un sigilo que los antiguos sacerdotes usaban para invocar tormentas.
No eran runas al azar, sino un patrón: un punto central rodeado de pequeñas medias lunas —la misma media luna retorcida del bulto. Alrededor, en una caligrafía humana e inestable, había palabras en la lengua antigu