Punto de vista de Kaelen….
El hedor de la sangre de los rebeldes aún persistía en los pasillos.
No importaba cuántas antorchas encendieran los sirvientes, ni cuántas hierbas quemaran para disimularlo, yo podía olerlo impregnado en la propia piedra.
La muerte siempre se aferra a las secuelas de la guerra.
Pero no era la sangre de los rebeldes lo que agriaba el temperamento de mi lobo. Era la traición.
Me encontraba al frente de la larga mesa en la sala de guerra, con los mapas desplegados sobr