Capítulo 35: Una Misión Peligrosa
Entonces, Aiden entró en la prisión de repente; había tomado la llave de uno de los guardias que ya habían derribado en la puerta principal.
—Maya, realmente tenemos que empezar a movernos ahora mismo. —La voz de Aiden era urgente, baja y casi sin aliento.
Ella se giró y miró hacia el corredor donde apareció su imagen, seguido por otros tres... vestían como lobos renegados que apenas podía reconocer.
Uno era alto y con un corte en la cara, los otros encapuchado