La conversación en el balcón cambió algo entre ellos.
No porque se amaran más.
Eso era imposible.
Su vínculo ya se había convertido en algo lo suficientemente poderoso como para sacudir reinos.
Algo más profundo que la atracción.
Más profundo que el destino.
Más profundo que el propio destino.
Lo que cambió fue la comprensión.
Por primera vez, Abital entendió por completo el miedo que Uriel llevaba.
No miedo a los enemigos.
No miedo a la guerra.
Ni siquiera miedo a la muerte.
Miedo a la pérdida