La noche después del destierro de Selena, el sueño se negaba a llegar.
Abital estaba sola en un acantilado con vistas a Silverwood.
El viento tiraba suavemente de su cabello plateado.
Abajo, el territorio de la manada brillaba bajo la luz de la luna.
El mismo territorio que una vez fue su prisión.
El mismo territorio donde la habían ridiculizado, rechazado y humillado.
Sin embargo, esta noche, mirándolo, sintió algo extraño.
Nada.
Sin ira. Sin amargura.
Sin ningún deseo ardiente de hacerles suf