El consejo terminó en caos.
Los lobos susurraban temerosos en cada rincón de Silverwood después de presenciar cómo la luna respondía a Abital.
Algunos evitaban mirarla por completo.
Otros la miraban demasiado.
Ya no con crueldad.
Con asombro.
Con miedo.
Con culpa.
Abital odiaba todo ello.
Estaba sola cerca del borde del territorio, observando las luces de las antorchas parpadear en el oscuro pueblo de abajo mientras el viento frío tiraba suavemente de su cabello plateado.
Todo se sentía extraño