Victor estaba inmerso en un huracán de emociones cuando la voz de François hizo eco por teléfono. La incredulidad y el choque se mezclaron en su mente mientras intentaba asimilar la gravedad de la situación. ¿Cómo puede alguien tener el valor de secuestrar a Louie, su propio hijo? Esa pregunta resonó en sus pensamientos, girando como un remolino, dejándolo perplejo y en búsqueda desesperada de respuestas.
La voz temblorosa de Victor intentó formular una respuesta, pero apenas podía articular la