Con el corazón latiendo con una mezcla furiosa de miedo y rabia, Duncan colgó el teléfono con un movimiento brusco, colocándolo de nuevo en el gancho con un golpe. Sus dedos apretados formaban puños apretados, sus uñas cavando la palma de sus manos. Podía sentir el calor de la ira ardiendo en sus venas, amenazando con consumirlo por dentro. Cada pensamiento se centraba en la seguridad de sus hijos, una determinación implacable que lo impulsaba a actuar.
Sin perder tiempo, Duncan convocó a sus h