Rosalie se sentía sofocada por la situación. Cada emoción parecía pesar en su pecho, como un ancla que la mantenía presa en un mar de incertidumbres y miedo. El corazón roto ante la traición de François la asolaba, y ella luchaba para contener las lágrimas que amenazaban caer en cualquier momento.
Ella se levantó de la silla de la oficina y caminó hasta la sala, buscando un momento de calma y reflexión. Al sentarse en el sofá, la mente de Rosalie era un torbellino de pensamientos conflictivos.