CAPÍTULO 48: ESTA VEZ NO FUE UN SUEÑO
Abro los ojos con una punzada lacerante en la cabeza, como si un martillo golpeara mi cráneo sin tregua. El dolor es sofocante, y la náusea se arrastra por mi estómago en una ola violenta que me empuja a levantarme de inmediato. Con pasos tambaleantes, corro al baño. Apenas logro inclinarme sobre el inodoro antes de que el contenido de mi estómago salga disparado, como si mi cuerpo intentara purgar todo el alcohol que lo envenenó anoche.
Cuando finalmente t