Lauren sin saber a quién más recurrir, se atrevió a marcar el número de Damián, su corazón latía frenéticamente al saber que cada minuto era crucial.
—¿Quién habla?
—Lauren... Lauren Green.
El hombre frunció el ceño.
—¿Lauren?
—Sí, quisiera conversar con usted. No es necesario vernos, no le quitaré mucho tiempo.
—De acuerdo, adelante —aceptó aún vacilante.
Nunca pensó que ella lo llamaría, ahora parecía que algo muy malo estaba pasando y por eso recurría a él. Pero no tenía idea sobre qué