ELINE BALDWIN
— ¿Señorita? — Extendió su mano y sentí cómo mi corazón se aceleraba (como era de esperar, después de todo, ese era el hombre de mi vida).
— Príncipe Castiel... — lo saludé sintiendo que mi rostro se ruborizaba, y como un buen caballero, él intentó contener sus feromonas para no ser obvio y faltar el respeto, pero sonreí tímidamente, aprovechando cuando me atrajo hacia él para hablarle al oído—, no tienes que preocuparte... entiendo cómo te sientes acerca de mí.
— ¿Entiendes? — Me