8. Obediencia.
No entiendo cuál es mi destino, desde que nací no he tenido un minuto de paz, tengo una suerte del demonio y ahora estoy obligada a cumplir todo lo que él príncipe ordene.
Debí negarme y dejar que me cortara el cuello, odio ser tan débil y sumisa.
—Puedes seguir leyendo, Camelia —El príncipe me devuelve el libro. —Nunca le digas a nadie tu verdadero nombre, es una orden.
Vuelve a acostarse en mi regazo, con una paz que me asusta.
Busco el capítulo en el que me quede y sigo leyendo, de reojo