Elara llegó a la suite de Victor la noche siguiente vistiendo únicamente un abrigo largo negro y tacones, tal como él se lo había indicado. Su corazón martilleaba desbocado mientras entraba. Las últimas dos noches habían dejado su cuerpo deliciosamente dolorido y su mente completamente obsesionada con el hombre de 48 años que, sistemáticamente, la estaba arruinando para cualquiera de su misma edad.
Victor estaba esperando en la sala de estar, vestido con una camisa negra hecha a medida y pantal