Narrado por Hellen
Mientras él me arrastraba hacia su coche, intenté razonar con él:
— Suéltame, Sérgio, ¿estás loco? Estoy aquí para casarme y no puedes hacer esto, ¡no puedes impedírmelo!
Sujetándome por las muñecas y obligándome a mirarle, dijo:
— Olvídalo, Hellen, ¡jamás vas a entrar a ese registro civil para casarte con ese imbécil! — murmuró, su voz grave, ronca, tan cerca que casi pude sentir su calor contra mi rostro.
Entonces abrió la puerta del coche y fui arrojada contra el asiento d