Dicho esto, Mateo se dio la vuelta para marcharse.
—Mateo...—Nadia exclamó.
En ese momento, Héctor intervino: —¡Mateo!
Mateo se detuvo.
—¿Algo más, tío Héctor?
Héctor explicó: —Ya que no quieres casarte con mi hija, no te obligaré. Pero cuando las familias Celemín y Figueroa establecieron el compromiso, firmamos un contrato matrimonial. Trae ese contrato y rómpelo, y nuestras familias habrán roto formalmente el compromiso.
—¡De acuerdo!
Mateo se marchó.
—¡Mateo! —Luciana estaba furiosa hasta el