Diego sabía que estaba siendo egoísta. No podía ofrecerle nada, pero aun así la mantenía entre sus brazos porque temía tanto perderla.Daniela levantó las manos para abrazar su cuello.
—Diego, tú solo puedes ser mío, ¿entiendes?
¡Solo puedes ser mío!
Ese era el sentido de posesión que Daniela sentía por él.
Diego sujetó su nuca y besó sus labios rojos.
Fue un beso fugaz, se separó rápidamente. Daniela se acurrucó obedientemente en sus brazos.
—Daniela, duerme —dijo Diego.
Daniela realmente tenía