—Daniel, ¿cómo estás? ¿Has comido bien? ¿Alguien te ha maltratado?
Mateo observaba a Valentina. Su rostro reflejaba genuina preocupación por Daniel, una preocupación imposible de fingir.
Mateo dio la espalda, no quería ver ni escuchar.
—Valentina, estoy bien, no te preocupes. El señor Figueroa me ha tratado muy bien desde que me trajo aquí, con buena comida y todo. Creo que hasta he engordado —bromeó Daniel.
Valentina sabía que Daniel intentaba tranquilizarla. Esbozó una leve sonrisa.
—Daniel, a