El punto de vista de Elena
Dos horas.
No había nada más que oscuridad y el sonido de mi propio corazón.
Conté lenta y deliberadamente, dándole a mi mente algo a qué aferrarse mientras nos movíamos.
Un mil uno. Un mil dos. Un mil tres.
Empecé a contar en el momento en que pusieron la venda. Era lo único que me quedaba. Sin teléfono, sin dispositivo de rastreo, sin manera de hacer señas a nadie ni de marcar por dónde íbamos. Solo el tiempo. Solo los segundos apilándose en minutos apilándose en lo