Emily no era tan tonta como para preguntarle directamente por sus propósitos. Si quería decírselo, entonces naturalmente lo diría algún día.
Si no pensaba contárselo, entonces, a juzgar por su personalidad, sería inútil hacerle la pregunta.
Emily cogió los palillos y empezó a disfrutar de los platos con tranquilidad.
Dos horas era poco tiempo, así que podía soportarlo.
De todos modos, aún le quedaba tiempo para ir a la sede de la competición a ver el partido de Aryan por la tarde.
Aunque tenía