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Un nuevo vínculo y la primera calidez

El Rolls-Royce negro atravesó las calles cada vez más desiertas de la ciudad hasta detenerse finalmente frente a un lujoso complejo de apartamentos.

 

Xander giró la cabeza, con su mirada penetrante todavía fija en los ojos de Xena.

 

—Baja. Esta noche dormirás en mi apartamento privado. Aquí nadie te molestará.

 

Xena entrelazó los dedos, tratando de controlar los latidos de su corazón, que aún no se habían calmado.

 

—¿Y usted?

 

—Tengo asuntos de trabajo que debo resolver esta noche —respondió Xander con indiferencia. Miró brevemente su lujoso reloj antes de volver a mirar a Xander—. Mañana a las ocho de la mañana vendré por ti. Iremos directamente a la oficina del registro civil para formalizar nuestro matrimonio.

 

Aquella declaración fría pero firme marcó el final de su conversación esa noche. Después de que Xander se marchara en su automóvil, Xena tomó el ascensor hasta el apartamento.

 

Sin embargo, en lugar de descansar de inmediato, una sensación de inquietud comenzó a arder en el pecho de Xena. Sus pasos y su desesperación la llevaron de regreso a su pequeño apartamento, el lugar donde había guardado todo su pasado: el espacio que durante cuatro años había sido testigo silencioso de su dedicación y lealtad hacia Gerald.

 

Dentro de aquella habitación tenuemente iluminada, Xena miró a su alrededor. Las fotografías de los momentos que habían compartido, los objetos que Gerald le había regalado e incluso los artículos para parejas que había comprado llena de esperanza, ahora le parecían una pila de basura repugnante.

 

Sin la menor vacilación, Xena tomó una gran bolsa de plástico negra. Arrancó todas las fotografías de las paredes, las hizo pedazos y las arrojó dentro de la bolsa. Todos los recuerdos que durante cuatro años la habían atado a Gerald fueron desechados sin dejar rastro. Cada movimiento de sus manos iba acompañado por un dolor que poco a poco se transformaba en una determinación fría.

 

—Mis cuatro años de estupidez… terminan esta noche —susurró Xena en la oscuridad de la habitación.

 

Tiró la bolsa de basura en el contenedor del exterior, se echó agua fría en el rostro y luego regresó al lujoso apartamento de Xander para cerrar los ojos.

 

A la mañana siguiente, exactamente a las ocho, sonó el timbre.

 

Xena ya estaba lista. Llevaba un sencillo pero elegante vestido blanco, con un maquillaje ligero que resaltaba la belleza de su rostro. Cuando abrió la puerta, Xander ya estaba allí, vestido con un impecable traje negro. Su atractivo y su aura dominante hicieron que Xena contuviera el aliento por un instante.

 

—¿Estás lista? —preguntó Xander brevemente.

 

—Sí —respondió Xena con firmeza.

 

El trámite en la oficina del registro civil se llevó a cabo con gran rapidez y eficiencia. El poder y la influencia de Xander Romanov hicieron que todos los documentos fueran procesados sin el menor obstáculo. En cuestión de horas, un documento oficial y dos libretas certificaban que Xena ahora era legalmente la esposa del líder supremo de la familia Romanov.

 

Al salir de allí, Xander la llevó de regreso, esta vez al penthouse más lujoso del centro de la ciudad, la residencia principal de Xander.

 

Las magníficas puertas dobles talladas se cerraron firmemente detrás de ellos, aislándolos de todo el ruido del mundo exterior. El ambiente dentro del penthouse quedó repentinamente en silencio, reemplazado por una nueva e íntima tensión.

 

Xena permaneció algo rígida en medio de aquella majestuosa habitación. Sin embargo, antes de que pudiera pensar en nada, Xander ya se había acercado. El hombre se quitó el saco negro, dejando a la vista una camisa con las mangas ligeramente arremangadas, y se detuvo justo frente a Xena.

 

—Ahora eres completamente mía, señora Romanov —susurró Xander con una voz grave que le hizo vibrar el pecho.

 

Xena fue incapaz de decir una sola palabra. Todo parecía estar sucediendo demasiado rápido: la noche anterior acababa de descubrir la traición de su ex prometido, pero esa misma mañana ya se había convertido en la esposa de un hombre como Xander Romanov.

 

La gran mano de Xander se alzó. Sus dedos cálidos y firmes se deslizaron hasta la nuca de Xena, sosteniendo su cabeza con suavidad, aunque de una manera posesiva. Antes de que Xena pudiera reaccionar, los labios de Xander ya habían rozado los suyos.

 

Xena abrió los ojos de par en par por la sorpresa, pero poco a poco su cuerpo se relajó. El beso de Xander no era como lo había imaginado. No era un beso brusco ni lleno de fuerza, sino uno profundo, cálido y cargado de una ternura exigente.

 

Una calidez desconocida que nunca antes había experimentado. Durante los cuatro años que estuvo con Gerald, él siempre se había mostrado frío e indiferente, y la tocaba como si hacerlo fuera simplemente una obligación.

 

Sin embargo, entre los brazos de Xander, detrás del aura fría de aquel hombre al que todos temían, Xena encontró una calidez que consumía los últimos vestigios de su dolor. Un suave suspiro escapó de la garganta de Xena mientras poco a poco correspondía al beso de aquel hombre, entregándose por completo a aquel nuevo y embriagador vínculo.

 

 

 

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