Pasó un largo rato.
Solo entonces terminó con ese tierno y apasionado beso.
Aspiré profundo y le di un par de golpecitos:
—¡Gracias por volver a mi lado una vez más!
—Siempre he estado a tu lado, tu elección fue errada.
Al escuchar sus palabras, sentí un nudo cada vez más fuerte en la garganta, y las lágrimas no paraban de correr desbordadas por mis mejillas.
«Resulta que de verdad hay personas que siempre estarán esperándome.»
Nunca estuve sola.
Lloré descontrolada en los brazos de Javier, como