La Sra. Roberts asintió, indicando que continuara.
—Eres la mejor madre que alguien podría desear. Has sido un apoyo desde el principio. No me di cuenta de lo difícil que fue para ti hasta que me convertí en madre soltera, y créeme, no habría hecho nada sin ti.
Amanda secó las lágrimas que corrían por las mejillas de su madre.
—Mis hijos están en tus manos y confío en que serán muy bien cuidados.
La Sra. Roberts sonrió.
—No intentes halagarme. Puedes poner esa energía en empacar.
—Sí, mamá —resp