Sebastian se sumergió profundamente en la mente de la loba, transportado a un momento de felicidad familiar. Podía ver cada detalle del ambiente, desde las sonrisas sinceras hasta el sonido de la música que resonaba en las habitaciones. El padre de la loba entonaba una melodía suave mientras tocaba un instrumento de cuerda, encantando a todos los presentes. La madre, llevando platos de comida fresca desde la cocina, caminaba con gracia por la pequeña casa. Las hermanas, felices e despreocupadas