PUNTO DE VISTA DE PAULA
—¡AHH! —grité, con la voz quebrada, mientras volcaba la mesa de cristal. Se hizo añicos, esparciéndose por el suelo como mi cordura. Mi pecho se agitaba violentamente, respirando con dificultad. El pulso me retumbaba en los oídos mientras retrocedía tambaleándome, casi tropezando con la alfombra.
—¡Marion es mía! —grité de nuevo, más fuerte esta vez, el eco resonando en las paredes de mi ático—. ¡Marion me pertenece!
Me ardía la garganta, pero la rabia era más fuerte que