MARION
—Jefe, han arrestado a Mark y ha confesado. Tenía un cómplice —dijo Stephen por teléfono, con voz tensa.
Salí de la habitación de Demetria, cerrando la puerta suavemente tras de mí—. ¿Y quién es? —pregunté en voz baja y controlada.
Una pausa. Entonces Stephen respondió: —Paula, jefe.
—¿Qué demonios? ¿Es verdad? —exclamé, con la voz más dura de lo que pretendía.
—Sí —dijo en voz baja pero firme—. De boca del propio Mark. Confesó.
Tragué saliva, la rabia y la incredulidad se aferraban a mi