MARION
El sol de la mañana se filtraba en la casa de la playa, cálido y suave, mientras Demetria y yo estábamos sentadas una frente a la otra en la mesa del desayuno. Llevaba cinco minutos tarareando sin darse cuenta, rociando sirope sobre sus gofres como si fuera el mejor día de su vida.
No podía dejar de mirarla. Me pilló.
—¿Qué pasa? —preguntó, arqueando la ceja derecha.
Me recosté, incapaz de disimular la sonrisa que asomaba en mis labios—. Pareces contenta de volver a la panadería.
Se le i