El lunes había llegado, y con él todos los estudiantes del internado. Todavía me parecía increíble lo que había experimentado el fin de semana; era tan irreal, sin embargo, y a pesar de las pruebas dadas mi parte racional, esa que se aferraba a mí me exigía más pruebas, y esa prueba contundente sería saber que Abby realmente estaba bien.
—¡Al fin la soledad está desapareciendo! Creí que enloquecería el fin de semana —dijo Lucy a mis espaldas, uniéndose a nuestro pequeño grupo.
—Es cierto —le a