Pude ver que Emily yacía tras de mí a una distancia prudente, con la mirada pálida, lívida como un papel; percibí como de las sombras de aquella sala vieja reaparecía Allison para atacar a Emily, sin pensarlo corrí hacía ella, golpeándola, y noté como la luz que emanaba de mi rabihat la derribó al suelo, y la obligaba a buscar ocultarse en las penumbras, hasta que desapareció. El ver a Emily en peligro causó que algo nuevo en mí se activara.
—Vi… Vicky… tú… ¡Quién eres! —logró articular.
—No lo