Capítulo — La verdad no siempre libera
Fernando manejó sin pensar demasiado en el camino. Las manos le temblaban sobre el volante y el corazón le golpeaba el pecho con una mezcla peligrosa de rabia y desesperación. Cada semáforo en rojo le parecía una burla, una pérdida de tiempo imperdonable. La imagen de Natalia, leyendo ese mensaje, viendo esa foto, creyendo que él había vuelto a lo mismo, le ardía en la cabeza como una herida abierta.
Cuando llegó frente a la casa de Melisa, no dudó. Apa