Capítulo
Un Día para Guardar en el Alma
La mañana amaneció con un cielo despejado y una brisa tibia que entraba por la ventana como una caricia. El sol se filtraba entre las cortinas claras de la habitación, dibujando sombras suaves sobre las paredes. Naty se estiró despacio entre las sábanas, cuidando cada movimiento, y al abrir los ojos se encontró con la mirada de Fernando, que la observaba en silencio, con una sonrisa tranquila, de esas que no necesitan palabras.
—Buenos días, mi amor