(Continuación)
La paz, sin embargo, duró poco.
La puerta se abrió de golpe.
Rosa irrumpió en la habitación con una bandeja entre las manos. No pidió permiso. Nunca lo hacía.
—Buen día —dijo con una voz demasiado correcta para ser sincera.
Su mirada se clavó en nosotros, en la cercanía de nuestros cuerpos, y su expresión se endureció de inmediato.
—¿Se van a levantar o prefieren seguir fingiendo que todo esto es normal?
Dejó la bandeja sobre la cómoda con un golpe seco.
Me incorporé con c