Naomi observó cada una de las caras de quienes estaban reunidos en la sala. No había miradas de lástima, de esas que siempre había temido. No había compasión que la hiciera sentir débil. Solo veía a personas que querían verla retomar su vida.
Sin darse cuenta, Naomi sonrió. Esta vez no era una sonrisa forzada para tranquilizar a los demás. Era una sonrisa nacida de la gratitud, porque al fin había comprendido algo.
Estaba en casa.
Y ese hogar nunca había dejado de esperar su regreso.
La noche fu