Silas apretó la mandíbula. Intentó conservar la calma, pero se le tensaron los músculos del rostro. Cale pareció no notar el cambio y siguió leyendo el informe que sostenía.
—Algunos decidieron entregarse antes de que llegara nuestro equipo. Otros intentaron huir, pero los capturamos. —Cerró despacio la carpeta—. Los demás prefirieron salvarse.
Aquella última frase golpeó a Silas con más fuerza que la patada que lo derribó unas horas antes. La red que tardó años en construir con gente que creía