La puerta volvió a cerrarse. La habitación quedó en silencio. Por primera vez en los últimos siete días, aquel silencio ya no era asfixiante.
Cale miró a Naomi durante unos segundos y dejó escapar un suspiro involuntario. Era como si por fin se hubiera liberado del peso que le había oprimido el pecho durante toda la semana.
Cale sonrió, esta vez sin rastro del miedo que solía ocultar.
—Me mira como si nunca fuera a volver a verme, señor Cale —dijo Naomi en voz baja. Había notado cómo la observab