Entonces el sonido se repitió.
Grrrrrrr...
Un motor pasó rugiendo sobre ellas. Esa vez estaba mucho más cerca. El techo vibró un poco y un polvillo fino cayó por las grietas del concreto.
Naomi levantó la mirada.
—¿Qué es eso? —susurró.
La anciana también alzó la cabeza, como si ya se hubiera acostumbrado.
—Desde que desperté... lo escuché cinco veces.
—¿Un avión?
—Tal vez. —La anciana asintió—. De vez en cuando.
Naomi frunció el ceño. El olor a combustible que impregnaba el lugar cobró sentido