Oscuridad.
Luego... el sonido de un goteo de agua. Resonaba con lentitud desde algún punto y rompía el silencio asfixiante. Entre gota y gota se percibía una respiración pesada y superficial, como si cada bocanada de aire exigiera un esfuerzo enorme.
Naomi todavía no podía abrir los ojos. Su conciencia oscilaba entre el sueño y la realidad, mientras un frío punzante le recorría despacio la mejilla izquierda, pegada al suelo húmedo de concreto.
El olor a óxido, mezclado con un tenue pero inconfun