Mientras tanto, el centro de mando de la Torre Negra estaba mucho más agitado que unas horas antes. Docenas de pantallas digitales se actualizaban sin cesar y mostraban un flujo interminable de datos, mientras el repiqueteo de los teclados se mezclaba con los breves reportes que llegaban de las distintas divisiones por los canales internos de comunicación.
Nadie se apartaba de su puesto. Hasta la taza de café junto a Paula se había enfriado hacía rato sin que volviera a tocarla.
Seguía concentra