Esa mañana, la Torre Negra seguía llena de actividad. Los miembros del Dragón Negro entraban y salían de la sala de juntas, convertida en un centro de mando exclusivo. Desde el amanecer no dejaban de llegar nuevos reportes de todos los rincones de Portclair, pero ninguno los acercó a Lydia ni a Naomi.
Cale estaba de pie frente a la mesa alargada mientras se ponía el saco negro y ligero que Gio acababa de entregarle. Tenía la cara marcada por el cansancio, la falta de sueño y la tensión, pero lo